Alma

Ella

Dos cosas siempre le habían llamado la atención sobre ella misma. Una de ellas era que jamás perdía el apetito, a pesar de las circunstancias, del dolor físico o del alma, a pesar de la tristeza, la angustia o la rabia, a pesar de la preocupación, el apetito siempre estaba presente; tal vez era porque ya había intentado matarse de hambre una vez y no lo había conseguido. Sigue leyendo “Ella”

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Alma

Otras vidas

Eran las tres de la mañana, la madrugada estaba especialmente fría y la luna vigilaba expectante. Esperaba verla desde la una y treinta, había dejado mi adorable y tibia cama sólo para poder pasar un rato con ella, pero aún no llegaba. Sigue leyendo “Otras vidas”

Alma

La máquina de coser

La tarde está soleada, las nubes suben rápidas desde el oriente y los pájaros cantan animados. La casa es inundada por el sonido del pedal y la aguja se hunde poco a poco en la tela, primero despacio y después a una gran velocidad.
El piso de la sala es entablado, y el pedal suena al mismo ritmo… bum bum bum bum.
La abuela cose una cortina, une los pedazos de una colcha de retazos y hace vestidos para las muñecas de sus nietas. Sigue leyendo “La máquina de coser”

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Un cuento erótico

Un cuento erótico

Por, Club Diógenes.

Club Diógenes

¿De qué se trata esto? Bueno es un ejercicio de escritura que hicimos con mi grupo de lectura por el mes de febrero. Cada uno publicó un texto sin firmar y el resto tenía que adivinar quién lo había escrito reconociendo su estilo personal. Incluso usé algunas palabras y un apellido mexicano para despistar. Se los dejo para que chusmeen. Les advierto que es muy hot y descriptivo.

cuando-le-gustas-a-tu-profesor

Ingresó en el salón vacío, a excepción del profesor a cargo de la cátedra de Historia Contemporánea II, cuando el sol comenzó a ocultarse y los rayos tenues atravesaban el cristal de las ventanas. Se dirigió al escritorio.
— ¿Quería verme, profesor?
Él dejó los exámenes que estaba revisando a un lado, se levantó y la miró serio.
— Sí, Vázquez. Imagino que ya sabe por qué.
— No lo sé, profesor –contestó tímida, mirando al suelo– ¿cómo lo podría saber?…

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