Alma

Batalla

Sentía su respiración entrecortada por la excitación del momento; jamás la había visto así. Pensó en ella cuando todo era calma, en aquellos momentos en los cuales solo había libros en su cama, en su mesa, en cada rincón de su casa y no había nada más que le pudiera importar. Eso había sido mucho tiempo atrás, cuando pensaba que todo lo que necesitaba estaría siempre entre las cuatro paredes en las que vivía.

Estaba ahí ahora, con una espada en la mano, con la cara sucia y la ropa manchada de sangre; su sangre y la de otros. Cuánto había cambiado, ya no era la niña dulce de coletas tiernas que conoció un día, había fuego ahora en su mirada, blandía su espada como una princesa, como una guerrera; al fin y al cabo eso era ella.

“No puedo hacerte daño”  pensó en el momento en que se abalanzó hacia él en plena batalla –te amo demasiado –logró decir, mientras ella sacaba la espada de su moribundo corazón.

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