Alma

Vacío

Sentía como cada uno de sus huesos crujían por el frío como si estuviesen rotos, las gotas de lluvia caían en su cara como agujas afiladas cada vez más fuerte.

No podía dar un paso más, y no por el dolor en su cuerpo, que ya era bastante, sino más bien porque su alma moría un poco más cada vez que recordaba sus palabras y esa mirada vacía cuando le dijo: «Ni siquiera recordaba que existías».

Recordaba cada detalle de su rostro, cada línea, cada gesto. Ella nunca habría podido olvidar su sonrisa y esa forma de levantar la ceja cada vez que la miraba.

Había cruzado un universo entero desde aquel triste lugar donde él la había dejado, esperando que al verla reviviera aquel amor que ahora estaba en el pasado.

Su vida ya no tenía sentido, ahora estaba sola, realmente sola. Ya no tenía la esperanza que la acompaño desde el momento aquel en que emprendió su viaje.

Con su último aliento se arrastró fuera del camino, la lluvia seguía cayendo en su rostro, pero ya no la sentía. No sentía más que el profundo dolor de ver su amor para siempre perdido.

Llegó al acantilado arrastrando sus pies y su alma, y mirando por última vez al cielo dejó atrás todo lo que su triste vida le había ofrecido y se lanzó al vacío, mientras ese por quien había venido unía su vida a alguien a quien en realidad nunca había querido.

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