Alma

Locura

Todo aquello que pasaba por su mente era un amasijo de cosas sin control, ideas sin terminar, poemas que nunca escribió, cuentos que no se permitía organizar. Sus sueños diarios, reflejo tal vez de sus miedos y sus anhelos, le permitían ir armando un rompecabezas que al final nunca encajaba.
Todas esas presencias que pululaban a su alrededor durante las parálisis, todas las veces que sentía que no podría regresar. Episodios sin sentido que casi nadie comprendía.
En el laberinto de sus pensamientos se podían reconocer retazos de todos los colores, igual que en sus sueños permanecían como pequeños disparos imágenes de notas musicales, reglas de ortografía, política, sangre, amor, muerte, injusticias. Todo aquello aparecía de a poco, en diferentes momentos del día. A veces la vida la ahogaba en risas mientras la melancolía ocupaba completo su corazón y los recuerdos vivos de una infancia lejana martilleaban sin descanso detrás de sus ojos. A veces la vida la ahogaba en llanto, mientras su cuerpo experimentaba heladas que ni ella misma comprendía.
En verdad era extraña, pasaba las tardes intentando adivinar lo que pasaba por la mente del muchacho que se había suicidado, se internaba en sus más oscuras obsesiones y de repente se encontraba observando de reojo y en posición de juez a la mujer que se dejaba golpear de su marido “pobre estúpida” pensaba, pero siempre terminaba sintiendo compasión. Algunas mañanas se encontraba deseando obsesivamente una cerveza o un trago de ron, y revolviendo historias de unos cuatro o cinco libros que leía al tiempo.
Llegó a pensar incluso que terminaría loca, hundida por completo en el dolor o en las imágenes de aquellas cosas que veía mientras se desprendía de su cuerpo, pero jamás terminaba de pasar, cada día había una injusticia nueva por la cual indignarse y también una sorpresa nueva por la cual reír.
Allí estaba sentada en un bus, escuchando la música más absurda que el ser humano podría haber inventado, si es que se le podía llamar música, si es que se le podía llamar humano. Después de todo hoy ya había encontrado la primera razón de indignación, mientras el sol brillaba radiante para darle la tercera razón para sonreír. Después de todo, esta locura seguía valiendo la pena.

Imagen tomada de internet

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